¿Otro semestre con las manos vacías o el fin de varios ciclos?
A punto de ser eliminados de la Liga Águila, todo parece indicar que será un semestre sin nada que celebrar.
Aún sin haber terminado de digerir la eliminación humillante en Copa Libertadores, Junior podría recibir una nueva banderilla en su orgullo: ser eliminado el domingo por el Deportivo Independiente Medellín en los cuartos de final de la Liga Águila. Y la verdad es que pase lo que pase, la hinchada pide cambios urgentes.
La vapuleada por parte Palmeiras rebosó la paciencia de los hinchas, quienes ya no se van a quedar con el contentillo de los últimos seis años y medio sin cosechar triunfos, donde la excusa ha sido ‘que no alcanzó, pero se intentó’. Es decir, se acomodaron a vivir de lo mínimo, que es competir.
Sin embargo, estos últimos meses han sido un calvario de situaciones que se resumieron todas en los 90 minutos jugados en Brasil. Los delanteros no hacen goles, los volantes no tienen imaginación para crear ni enjundia para recuperar la pelota, los defensas son irregulares y el arco no despierta seguridad.
Lo sucedido en el semestre parece que le está mostrando la puerta de salida a muchos, pues ante la luz de las evidencias es poco o nada de lo que este grupo va poder hacer en Medellín. No hay razón para pensar lo contrario, por lo que ha pasado en los recientes partidos.
Goleados de entrada en la primera fecha por Palmeiras, los astros se alinearon para que en la quinta jornada ganándole a Boca Juniors como locales se metieran en la próxima ronda y además eliminaran a los argentinos. El resultado fue un triste empate, con autogol de por medio, que lo conduce al desenlace conocido.
En la Liga, donde la solución fue sacar a Alexis Mendoza porque su equipo no jugaba a nada, se fue al precipicio su rendimiento pasando del tercer puesto al octavo, donde entró a los cuartos de final sufriendo y ganando contra un equipo mucho más modesto, como Jaguares, en gran medida, porque los otros rivales directos eran bastante peores que ellos.
Hay que afrontarlo. Junior armó un equipo pensando en lo que fueron sus referentes y no en lo que son o en lo que podrían ser. Muchos viven del recuerdo, del plazo de espera eterno y de la desgastada frase ‘son patrimonio del club’. Un patrimonio devaluado por su falta de competencia y escasos títulos logrados en los últimos seis años.
Por ejemplo, Sebastián Viera, otrora candado del arco del equipo, figura en la consecución de dos títulos de Copa y uno de Liga, hoy en día es un portero cuya veteranía parece que se le viene encima. Sus reflejos no están iguales, ya no sale a cortar centros como antes y lo peor de todo es que sigue siendo intocable. Bien podría ser el primero en decir: ciclo cumplido.
En la defensa son varios los llamados a salir del equipo, pues ya no aguantan más otro plazo para ver si mejoran. Los laterales Germán Gutiérrez y David Murillo, producto de las divisiones inferiores del equipos, quienes muestran chispazos de calidad, no pasan de allí. A la fecha no han logrado nunca hacer una temporada completa destacada. Viven del partido a partido y justo en los más importantes no han estado.
Yonatan Murillo y Marlon Piedrahíta, venidos de otros equipos para intentar ser la solución en las laterales, colorearon mucho y al final no dieron color alguno. El primero simplemente fue figura decorativa en la nómina por una desafortunada lesión, lo cual nunca evitó que se discutiera su nivel. El segundo se adueñó del puesto sin hacer mucho, pues es levemente mejor que su competencia directa por el puesto.
En la zaga central, bien podríamos pedir que entre el que sabemos y escoja. Borrado del equipo. Devys Balanta, es una de esas fichas pertenecientes al club que no tiene ni confianza para jugar un partido de Liga y que mucho menos da la garantía para un momento importante.
De los que más juegan, Jorge Arias se vino a pique en su nivel y el otrora pieza clave del juego aéreo, Jhonatan Ávila se convirtió en un verdadero tiro al aire, con partidos donde juega aceptablemente y en otros donde se dedica a buscar como el contrario puede hacer un gol. Nunca fue destacado y a lo más que llegó es a ser pasable. Finalmente, Rafael Pérez, que inició bien, terminó por ser suplente sin mayores luces sobre el tema.
En el mediocampo hay muchos que bajaron su nivel y otros que simplemente piden casi a gritos por lo que han aportado que les den la libertad de irse con su juego a otra parte. Luis Narváez, respetado en el equipo, terminó por ser un relleno. Misma mala suerte fue para Jorge Aguirre que sonó mucho en la pretemporada y al final no influyó nada en la campaña.
Víctor Cantillo perdió todo lo bueno de su fútbol al final de las acciones y Leonardo Pico se cansó de tener que correr más que los demás para remendar errores. Lo más triste es que así de paupérrimo es el nivel de los otros que su titularidad nunca estuvo en duda.
Y llegamos a los grandes estelares del equipo. Nadie duda de la buena intención de Chará, de que corrió, de que lo intentó. Pero no rindió. Tal vez, de ser cierto tanto rumor de ofertas por él, lo mejor para el equipo sea recibir ese dinero y sacar una ganancia de la inversión. Aunque, de los que hay, tal vez no sea un ciclo terminado.
En cambio, su socio Teófilo Gutiérrez, por minutos del semestre jugando como crack, pero por partidos falto de reacción, forma y condición deportiva, ya aburrió a los aficionados. El respaldo se le fue acabando y aunque todavía goza de la defensa de sus adoradores más extremos, lo cierto es que ya muchos lo ven anunciando su retiro en pocos meses. Un ciclo cumplido no en el equipo, sino en el deporte.
Pero si hay alguien que encarna el final de los ciclos dentro de los equipos no es otro que Jarlan Barrera. Luego de impresionantes condiciones en sus dos primeros años de profesional, poco a poco se fue quedando. Desapareció la magia, simplemente se tiene que ir del equipo, por su propio bien. En Barranquilla pocos le creen.
Realmente, lo que el Junior necesita es una verdadera ‘reingeniería’, que incluya jugadores, cuerpo técnico y una directiva más atenta con los resultados deportivos.